¿Por qué están ahí? El significado de los extraterrestres en la historia del cine

Celia Soriano Gomis

Cine y sociedad siempre van de la mano. Incluso cuando el tema es tan aparentemente lejano a la realidad como la ciencia ficción. La imagen que se da de los extraterrestres es muy representativa del momento social. Los creadores de la película suelen concederles una carga profundamente simbólica y metafórica, de una forma consciente o inconsciente. Pueden encarnar los peligros que más teme la humanidad en un momento histórico determinado, o pueden ser el castigo por los errores que hemos cometido. Y todo esto puede ocurrir a un nivel masivo o individual. Más allá de su papel de invasores, estos visitantes interplanetarios pueden representar la esperanza, los pecados de la humanidad, las debilidades de un hombre, o, incluso, una respuesta a de dónde venimos y adónde vamos.

El primer viaje espacial se realizó en 1902. El alunizaje fue un poco accidentado: el cohete impactó contra el ojo derecho de la Luna. Aunque este hecho pertenezca a la ficción, la escena del rostro de la Luna con la astronave incrustada está tan grabado en el imaginario colectivo como la llegada real del hombre al espacio. El cineasta George Meliès fue quien ideó, entre otras muchas joyas, Viaje a la Luna en los primeros años del siglo XX. En ella, narra una historia de aventuras donde los astronautas exploran este territorio desconocido. En él encuentran diosas espaciales, comida mágica y… también alienígenas. Se encontraban en la época del Imperialismo colonial y, como consecuencia, los habitantes del satélite son una tribu hostil y atrasada a la que conquistar y «domesticar». Los exploradores se ven obligados a huir de los «salvajes» selenitas, pero finalmente consiguen matar a su líder. En uno de los finales que se crearon para la película, uno de los selenitas aparece domesticado con una cuerda al cuello en mitad del festejo que se celebra por la feliz vuelta de la nave a la Tierra.

Escena de los selenitas en Viaje a la Luna (1902)
Escena de los selenitas en Viaje a la Luna (1902)

Un país desconocido, o un planeta (satélite en este caso) desconocido, no importa. Lo que más encajaba con el pensamiento de la época, inmersa en el Imperialismo, era presentar a la población extraterrestre como una colonia a la que conquistar.

Pasaron cincuenta años y dos guerras mundiales hasta la siguiente muestra representativa. Y un cambio tremendo en la mentalidad. El mundo había sufrido los estragos de los conflictos, y la sociedad tenía muy presente la crueldad de la que era capaz el ser humano. En 1951, una época en la que la caza de brujas y el anticomunismo se infiltraban hasta en las salas de cine, el director de cine Robert Wise se opuso a esta tendencia con un discurso pacifista, Ultimátum a la Tierra (The day the Earth stood still, 1951).

La historia es la de Gort (un robot de tres metros) y Klaatu (un alenígena de aspecto humano que habla un perfecto inglés), que aterrizan en Washington DC. Klaatu llega a la tierra con una misión: advertir a la Tierra de que, si no abortan la producción de armas atómicas, serán destruidos por el resto de planetas habitados. La violencia e incoherencia de la sociedad se refleja a través de los ojos de Klaatu: los líderes mundiales no consiguen ponerse de acuerdo ni siquiera para salvar a la humanidad, el portador del mensaje es amenazado y herido. Las referencias a la guerra aparecen continuamente. En el padre muerto del niño que conoce al extraterrestre, en el cementerio que visitan con todas las tumbas de soldados… Por todo ello, Ultimátum a la Tierra fue galardonada con un Globo de Oro a la mejor película promotora del entendimiento internacional. ¿La referencia a armas nucleares supone un sentimiento de culpa por Hiroshima? ¿Es la advertencia que viene de los cielos una advertencia divina? Tal vez así era para Robert Wise.

En esta convulsa época, Hollywood también sufría los efectos del macartismo. Se creaban listas negras en las que entraban actores, directores y guionistas, acusados de ser comunistas. El guionista de La invasión de los ladrones de cuerpos (1956) estaba incluido en una de ellas, y tuvo que firmar el proyecto bajo pseudónimo. Siempre se ha identificado a los invasores de esta película con supuestos comunistas, no sin la sorpresa de su propio director, Don Siegel. Lo cierto es que muchas de las películas de de este tipo de la época eran propaganda anticomunista. Las semejanzas en esta cinta en concreto son abundantes: los ladrones provienen de un sistema en el que el individualismo ha sido suprimido, y solo piensan de forma colectiva. Estos seres invaden el país sin ser vistos, en forma de esporas, y consiguen transformar a «ciudadanos normales» en alienígenas. Así, se cumplía la paranoia macartista de que tu propio vecino puede ser un enemigo comunista oculto. Lo cierto es que, fuera o no la intención de su director, esta cinta se ha convertido para muchos en una historia de denuncia política, y contra las producciones hollywoodienses que se hicieron como pura propaganda política.

Y en esa lucha que enfrentaba a EE.UU. contra la URSS, surgió la carrera espacial. En unos pocos años, la población fue bombardeada con cientos de mensajes sobre la conquista espacial. Ambas potencias destinaron una grandes cantidades de esfuerzo y dinero a ser los primeros en llegar a espacio, los primeros en pisar la Luna y poner su bandera más allá de nuestro planeta. En este contexto se estrenó 2001: Una odisea en el espacio (1968). La gente ansiaba ver al hombre en uno de estos viajes espaciales, y esto es lo que les dio la película. Sin embargo, Stanley Kubrick quiso ir más allá. Es difícil encontrar visitantes de otros planetas en esta intrincada historia. Pero están ahí, presentes a lo largo de toda la cinta. El hilo argumental de 2001 sigue la teoría de que los extraterrestres son los responsables de la evolución humana. Desde el inicio, en el uso de herramientas, pasando por la llegada del hombre al espacio, hasta la transformación final de la raza humana en otro ente más avanzado. Kubrick realizó un ejercicio de reflexión e interiorización innovador para la época, que incluía dudas existenciales como de dónde venimos y hacia dónde vamos, o las contradicciones que supone la inteligencia artificial.

2001: Una odisea en el espacio
2001: Una odisea en el espacio

Los aspectos innovadores que se comenzaron a ver en 2001, crecieron todavía más en la década de 1970. El cambio generacional supuso una ruptura de las temáticas tradicionales en el mundo de la música, la literatura y el cine. Los productos audiovisuales de décadas anteriores, dirigidos a una audiencia homogénea y familiar chocaron contra la tendencia individualista de la juventud más moderna, en el que se representaban sin censura el sexo y las drogas. Aquí se produce el gran cambio. Se pasa del protagonismo colectivo (los efectos que provoca una invasión en grandes grupos de población) a las historias individuales e intimistas.

Todo ello se refleja de forma destacada en El hombre que cayó a la tierra (The man who fell to Earth, 1976). El extraterrestre, interpretado por la estrella del rock glam David Bowie, viene a nuestro planeta en busca de agua para salvar su propio mundo. El personaje que solía ser el enemigo es, en esta ocasión, el protagonista de la película. Es el ser de otro planeta quien encarna el lado más frágil del ser humano: comienza su viaje lleno de esperanzas y con una misión, pero acaba renunciando a todo por culpa de su adicción a las drogas. De esta forma, se presenta el peligro que ejerce la realidad social del momento sobre un ser, en principio, inocente.

David Bowie en The man who fell to Earth
David Bowie en The man who fell to Earth

Incluso la ciencia ficción ligada al terror pasa del miedo colectivo, como el de la Invasión de los ladrones de cuerpos, al miedo intimista, donde los grupos afectados son reducidos y están en lugares apartados y deshabitados, como una nave o la Antártida. Es el caso de Alien, el octavo pasajero (1979) y La cosa (1982).

Escenario de La Cosa, 1982
Escenario de La Cosa, 1982

Y dentro del intimismo, nos encontramos con el caso particular de Stalker (1979), una película altamente reflexiva y filosófica. El ingrediente extraterrenal (quizás con implicaciones divinas) es transportado por un meteorito, que aterriza en la Tierra y transforma un lugar llamado «la zona» en un espacio que permite cumplir el mayor deseo de quien se aventure a entrar.

En la cara opuesta está el cine más comercial. Es en esta década cuando comienzan las franquicias de las aventuras espaciales, como Star Trek y Star Wars, que querían aprovechar el filón de la moda espacial y el furor por los efectos especiales, pero en un formato apto para todos los públicos. Es el mundo dominado por George Lucas y Steven Spielberg. De este último cineasta destaca Encuentros en la tercera fase (1977). Esta película hace aterrizar de nuevo a los OVNIS en EE. UU., pero esta vez solo con la intención de dialogar pacíficamente.

Todo un avance de lo que Spielberg manifestaría más descaradamente en E.T. el extraterrestre (1982): seres de otros planetas que arden en deseos de contactar con los norteamericanos. ¿Por qué solamente se ponen en contacto con este gobierno? ¿Será porque piensan que el ejército norteamericano es el más pacífico ante una posible invasión? ¿Es la elección de los extraterrestres una supina muestra de quién es percibido como el mandamás del planeta? O tal vez Steven Spielberg se esfuerza por enaltecer el American way of life donde está tan bien instalado. Pero sin mala intención. El siguiente vídeo es una muestra de cómo interactúa el gobierno norteamericano con los alienígenas en Encuentros en la tercera fase:

Más adelante, con el thriller policíaco Blade runner (1982) se tocó el tema de la ingeniería genética, y los problemas éticos que se comenzaban a vislumbrar respecto a las consecuencias de su aplicación. En este caso, los humanos mejorados genéticamente son temidos y desterrados como esclavos en Marte. Hay una gran variedad de temas que configuran el ambiente en el que se inscribe Blade runner: la decadencia urbana, la invasión de la publicidad, el poder de los oligopolios empresariales, un férreo control policial, la superación de occidente por Japón en un futuro próximo…

Ciudad de Blade runner
Ciudad de Blade runner

Alrededor del cambio de siglo, los temas siguieron hacia los sentimientos del individuo frente a lo desconocido. Para Foster en Contact (1997), un encuentro extraterrestre representa la fe que ha perdido en Dios. Ejemplo de ello es también Señales (2002) que, en contraposición a La guerra de los mundos (2005), muestra cómo se defiende el núcleo familiar frente a una amenaza externa.

Respecto a las producciones de los últimos años, Avatar (2009) lanza un mensaje en defensa de la naturaleza, y en contra de la explotación de los recursos naturales; District 9 (2009), una propuesta original narrada en parte como un documental, trata de manera realista cómo afectaría a una sociedad como la sudafricana el aterrizaje de una colonia alienígena. Por último, destaca Otra Tierra (2011), en la que se utiliza la aparición de un planeta igual al nuestro para crear un drama psicológico.

Otra Tierra, 2011
Otra Tierra, 2011
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