Una fotografía, una historia:La mirada de los grandes

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Fotografiar es escoger entre un sinfín de opciones: cerca o lejos, simétrico o asimétrico, blanco y negro o color, estático o dinámico, enfocado o desenfocado, plano medio o primer plano… Del mismo modo, en un discurso o presentación, tenemos tantas posibilidades, puntos de vista y situaciones, que el simple hecho de escoger ya es una creación.

Ahí está el arte de una buena presentación, en saber escoger lo que mostraremos y renunciar a muchas otras opciones que no son necesarias.
Lo que es relevante es la mirada del fotógrafo, que hace sencillo y directo el impulso de fotografiar, que resta en vez de sumar, que mira de cara, que encuadra desde la cintura y dispara desde el corazón, que está dotado de curiosidad y empatía por todo lo que es humano.

Y esa virtud, la de quitar en vez de añadir, es una de las mejores armas de los grandes fotógrafos de la historia. Se trata de mostrar lo mínimo imprescindible para contar una historia, suscitar una emoción o incitar a la reflexión.

Fotógrafos que nos han dejado su mirada sobre la realidad en todos sus matices, en toda su diversidad temática, geográfica, en toda su variedad de enfoques.
En la diversidad de sus matices,sus imágenes trazan no solo la historia, también la intrahistoria del siglo XX. Algunas de ellas son ya iconos que componen una representación sustancial de lo contemporáneo, de sus contrastes y sus contradicciones.
A los fotógrafos les gusta retratar el mundo que los rodea, especialmente a las personas que hay en él y lo que esas personas hacen. Desde épocas pretéritas, la tarea del escritor ha consistido en describir la forma en que se comportan las personas. Con la invención de la fotografía, esa tarea también se convirtió en la propia del fotógrafo. Pero mientras que los escritores pueden reunir material simplemente hablando con las personas, aunque sea por teléfono, a los fotógrafos les resulta imposible. Ellos y los sujetos a los que retratan deben interactuar. El sujeto ha de hacer algo de interés, enfrente mismo de la cámara… o no hay imagen. La suerte es importante, desde luego, pero para los fotógrafos no lo es menos saber lo que hay que extraer de un sujeto. Para saberlo, deben tener un punto de vista propio.
Muchos de esos fotógrafos, estuvieron en la primera línea de los abundantes conflictos del siglo XX, fueron testigos cercanos de las tragedias, aventureros solitarios que arriesgaron la vida y a veces la perdieron en el intento de fotografiar lo que serían sus últimos minutos.
Fotografiaron -siempre en tercera persona, la guerra y la paz, el amor y el odio, la música y el silencio, la furia y la tranquilidad, la alegría y la tristeza, la opulencia y la miseria.
Y lo hicieron fundiendo su misión testimonial con una innegable voluntad artística y la función documental de la imagen con su creatividad en fotografías elocuentes o sugestivas, directas o simbólicas en las que se mezclan la vida, la verdad y el conocimiento.
La infancia y la vejez, el metro de Nueva York o las calles italianas de la posguerra, las selvas de Vietnam, los campos de concentración y las playas llenas de veraneantes, Sinatra y Dashiell Hammett, son el centro de algunas de estas fotografías que van más allá del mero concepto de ilustración para elevarse a la categoría de obras de arte por el genio creativo de estos fotógrafos.
todos ellos , permanecen en la memoria y se convierten en clásicos. ¿Por qué? Supongo que porque mantienen su capacidad para sorprender.”

Los genios de la fotografía

Estoy seguro de que muchos de vosotros los conoceréis a todos – y seguramente al dedillo – pero a los que lleváis menos tiempo u os interesáis menos por autores clásicos puede que os venga muy bien. De los grandes es de los que más y mejor se aprende. ¡Empezamos!

Para hablar de París, de sus calles, de la noche, del surrealismo, del realismo y de todas esas estampas que han ilustrado las páginas de la historia de la fotografía, nuestro viaje nos hará retrotraer nuestra mirada al final del siglo XIX y comienzos del XX a través de aquellos grandes maestros que componen la fotografía clásica.
Y es que si hablamos de París, es imposible no mencionar a Brassaï, a Eugène Atget o Robert Doisneau, por lo que gracias a ellos, vamos a caminar por las calles adoquinadas e iluminadas bajo las farolas por el barrio de Montmartre, vamos a cruzar puentes y a entablar conversación con quienes habitan en las fotografías para hacer un homenaje a estos maestros conociéndoles de cerca.

 

Robert Doisneau y el beso que le catapultó al éxito

Si por algo es conocido Doisneau es por el famoso beso (tomado frente al Hôtel de Ville) que suele incluirse en la lista de las mejores fotografías de la historia.
Doisneu al igual que Atget se dedicó a fotografiar las calles de un París alejado de la estampa habitual, aunque empezó a ser conocido gracias a las fotografías de revueltas durante la II Guerra Mundial que le hicieron trabajar para la prensa, siendo su etapa más fructífera la de los años 50, donde llegó a colaborar con Vogue. Pero ya que hablamos de París, interesante es su faceta relacionada con las vanguardias y la fotografía nocturna que después veremos con Brassaï.
Relevante y curioso es el hecho de que en los años 60 tuviera un parón en su carrera por la poca demanda de fotografía de autor a raíz del auge de la televisión. Pero afortunadamente en los 70’ creó el festival Rencontres Internationales de la Photographie d’Arles, impulsando la presencia de los autores en galerías, Fundaciones y Centros dedicados a la fotografía. Aunque llegó a decir que la fotografía ya no es lo que era, que había perdido su magia, nosotros seguimos guardando ese beso en la memoria y por muchos años.

Brassaï, París hipnótico en la noche

Si hablamos de París y su noche, Brassaï se nos presenta como el padre de una fotografía nocturna que hipnotiza con un poder visual que atrapa llevándonos al mejor cine de suspense. En su fotografía se recogen fotogramas desde la actual “Camino a la perdición”, como esa calle de “El exorcista” o incluso al Viena nocturno de “El tercer hombre”.
Gyula Halász, conocido como Brassaï y húngaro de nacimiento, tras pasar por Berlín y otras ciudades, fijó su residencia en la capital francesa comenzando su labor como periodista. Pero al caer el sol y como él decía “la fotografía le permitía atrapar la noche de París y la belleza de las calles y jardines, bajo la lluvia y la niebla”.
Amigo de Picasso, le fotografió en varias ocasiones, no sólo retrataba la noche en las calles sino en los bares, en la Ópera y otros espectáculos. Se relacionó con muchos intelectuales de la época e incluso trabajó en cine, en 1954 su film “Tant qu’il aura des bêtes” ganó el premio a la película más original en el Festival de Cannes. Sin duda, uno de los grandes maestros que ha dado la historia.

Willy Ronis, el París más social

Para terminar, quiero acercaros al París de Willy Ronis, menos conocido que los autores anteriores pero que merece ser nombrado hoy aquí. Familiarizado con la fotografía desde pequeño gracias a su padre que tenía un estudio en Montmartre y que pese a su primera experiencia profesional más cercana a la música por la profesión de su madre, finalizado el servicio militar y fallecido su progenitor, tuvo que encargarse del negocio y dedicarse al medio fotográfico.
Más interesado en la fotografía de calle y con el auge socialista, empieza a colaborar con la revista Regards retratando huelgas y otras revueltas sociales. Después de la II Guerra Mundial que lo había exiliado fuera de París y que le hizo colgar la cámara, volvió para retomarlo gracias a la agencia Rapho, junto a Doisneau y Brassaï.
Fotografió a niños volviendo del colegio, estampas cuyo decorado siempre era París, porque como llegó a decir “no me gustaba mucho el retrato [posado]. Me gustaba mucho más el movimiento, la gente en la calle, los hechos, las cosas que se mueven”. Grande entre los grandes, trabajó para LIFE, participó en la muestra del MOMA siendo uno de los cinco fotógrafos franceses escogidos por Steichen así como después en la conocida “Family Man”.

Irving Penn, el gran retratista

Para mí, Irving Penn es el primer gran retratista de estudio , además de genial fotógrafo de moda. Maestro de maestros. No podría destacar algo de él sin ser injusta pues de este señor, si se habla, se debería hacer durante horas.
Ahora está muy de moda el retoque por zonas (básicamente exposición y contraste). cualquier fotografía suya está positivada con un rango tonal envidiable en todos sus elementos: fondos, ropas, pieles… dándole esa estética y ese aura tan especiales (cuando queda mal se llaman “halos”, cuando está bien hecho se llama “aura”).

Ansel Adams, la fotografía de paisaje

El gran paisajista de la historia de la fotografía. Dedicó toda una vida a fotografiar los lugares más increíbles y desconocidos hasta entonces, con medios increíblemente rudimentarios y complicados – aunque avanzados para la época -, lo que le da mucho más mérito, y nos dejó como parte de su genial legado el sistema de zonas.
Sus colecciones de fotografías mas famosas son las del Parque Nacional de Yosemite, en California, lugar al que se dedicó en cuerpo y alma. Si creéis que no le conocéis, en cuanto veáis algunas de sus imágenes las reconoceréis rápidamente .

Eugène Atget, fotografías documentales

Eugène Atget es autor de una de los archivos fotográficos más increíbles, tanto en cantidad como en contenido, sobre París. Sus fotografías documentalistas sobre las calles, establecimientos y en general sobre la cotidianidad de la ciudad, fueron hechas “por amor al arte” en el más puro de sus sentidos. Rehuyó de los movimientos artísticos, a pesar de que para muchos de nosotros es un artista como la copa de un pino.
Cámara de placas, reflejos en cristaleras y habitualmente exposiciones prolongadísimas (por obligación técnica, por el rigor de la fotografía arquitectónica que practicó) dan ese aire fantasmagórico a sus imágenes, en las que suelen salir calles desiertas. Una pena que haya muerto en la más absoluta miseria.

Diane Arbus, la fotógrafa de la intimidad

Una de las mejores fotógrafas, que no todo va a ser terreno masculino, es sin duda Diane Arbus, cuyo trabajo retratando a gente (sobre todo prostitutas) en barrios peligrosos de Nueva York es impresionante. Se podría decir que es la primera en dedicarse a fotografiar de esa manera la intimidad de esas personas con vidas impensables e inimaginables para la mayoría.

Richard Avedon, la fotografía de moda

Si hablamos de fotografía de moda, tenemos que hablar con letras mayúsculas de Richard Avedon, exactamente igual que si hablamos de retrato.
y si tuviera que destacar algo de lo que hizo, su magnífico trabajo In The American West. Este señor coge una tela blanca que usa de fondo, un trípode, un pequeño reflector y su cámara de placas, y se va a un pueblo del Oeste, planta el fondo contra una pared a la sombra y se pone a hacer retratos a la gente de allí. Impresionante lo que saca de algo tan aparentemente sencillo.

Henri Cartier-Bresson, el fotógrafo por excelencia

¿Qué decir del fotógrafo por excelencia? Todos le conocéis. Cartier-Bresson es considerado el padre del reportaje fotográfico y se le atribuye esa corriente sobre la búsqueda del instante decisivo, o dicho en otras palabras suyas: poner la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo plano al realizar el acto fotográfico.

Robert Frank, la fotografía subjetiva

Todo punto tiene su contrapunto, y si Bresson es el momento decisivo y la obsesión por la potencia visual, Robert Frank es una reflexión sobre el medio fotográfico en contra precisamente de esa corriente “bressoniana” y de la exposición universal The Family of Man, defendiendo el instante intersticial y la fotografía evocadora o subjetiva frente al decisivo de Cartier-Bresson.
Frank gana una importante beca que utiliza para recorrerse los Estados Unidos con un coche lleno de rollos de película y documentar la realidad de Los Americanos, libro que tiene que publicar inicialmente en Francia debido a la controversia que generó en el país al que “retrata”.

Walker Evans, la realidad

Otro grande . Walker Evans se caracteriza por encontrar belleza en las cosas más insignificantes y cotidianas, y por retratar a las personas y la realidad de una manera muy literaria.

Lee Friedlander, rizar el rizo

Una manera de mirar completamente atípica y distinta a todo lo anterior. Juega a amputar cabezas y brazos en sus imágenes, usar los reflejos y las sombras, y todos los recursos visuales que puede para conseguir fotografías atípicas y que ricen el rizo.
Sin duda, las normas estéticas clásicas de la pintura no van con él.

William Eggleston y el color

Para muchos fotógrafos , William Eggleston es el padre de la fotografía en color. Él fue el primero en conseguir el reconocimiento de este soporte como medio de expresión y obra de arte para museos y galerías.

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