La condesa de Castiglione:“La mujer del sexo de oro imperial”

La condesa de Castiglione - Virginia Oldoni -a
Retrato de George Frederic Watts 1857

 

Virginia Oldoni, nació en Florencia el 22 de Marzo de 1837. Condesa de Castiglione por su matrimonio con Francesco Verasis, “conte di Castiglione”, a la edad de 17 años, doce menos que el. Tuvieron un hijo llamado Giorgio.

La condesa de Castiglione fue considerada la mujer mas bella del Mundo. Una de las más célebres amantes de Napoleón III. Era conocida por su belleza y sus entradas extravagante en el vestir elaboradas en la corte imperial. Uno de sus trajes más infame fue “Una reina de corazones” donde portaba un medallón en forma de corazón, que colgaba en una sugestiva zona de su anatomía.

Con su piel pálida, rostro delicado y ovalado, pelo largo y ondulado, ojos que cambiaban constantemente de color de verde a un extraordinario color azul-violeta, atraía y seducía a los hombres más importantes e influyentes de Estado.

Llegó a París con 19 años, pues su primo Cavour, primer ministro del rey Víctor Manuel II de Cerdeña y Piamonte, la empuja a conquistar a Luis Napoleón III, con el propósito de conseguir el apoyo del soberano francés a la causa piamontesa.

Carlos Luis Napoleon Bonaparte – Napoleón III

Virginia consiguió llegar a su lecho y se ganó el apodo de “La mujer del sexo de oro imperial”.

Se desconoce, si la re-unificación e independencia de Italia se le debe a ella, en parte, se piensa que sí, puesto que aportaría gran influencia, durante los dos años que duró su romance.

Extremadamente bella, solo el marqués de Gallifet, un bon vivant apuesto e ingenioso, se atrevió a poner en duda esta afirmación.
Para demostrarle su error, la condesa le invitó a visitarla en su mansión. Al llegar, una camarera condujo al visitante hasta la habitación de Virginia, ésta le esperaba, totalmente desnuda, sobre una chaise longe forrada de raso negro y en una habitación con poca luz, en la que resaltaban aún más sus ojos verdes, su abundante cabellera y su piel nacarada. Desde entonces, el marqués de Gallifet no pudo escatimar elogios a la hora de proclamar la belleza de la Castiglione.

Esa belleza divina como denominaban otros, la llevó a sentarse en el estudio de la Corte Imperial, con los fotográfos Mayer & Pierson. Existen y se conservan, más de 400 fotografías vestida de diferentes personajes teatrales, exhibiendo sus dotes seductores, algunas de ellas, subidas de tono, para la epoca, como las imagenes en las que la cabeza se recortaba de las mismas y mostraba sus pies y piernas desnudas.
Su obsesión por dejar constancia de la belleza que poseía ( y que todos a su alrededor consideraban una de las más elevadas de la época) la llevó a contratar al fotógrafo Pierre-Louis Pierson como retratista personal. Es este el suceso decisivo para que la verdadera esencia de “La Divina Condesa” comenzara a salir a la luz, es el puntapié inicial para que toda la creatividad de esta mujer, sumada a su apasionante vida, comenzaran a hacer historia más allá de los romances escandalosos e intrigas políticas.
Pierson retrata a Virginia en más de 400 fotografías realizadas a lo largo de cuarenta años (1856-1895) . Retratos que ilustran la mayor parte de las publicaciones fotográficas de la época.
Es totalmente necesario rescatar que en aquellos años la fotografía aún estaba en formación y las fotos que se hacían en esa época significaban posar de acuerdo a las indicaciones del fotógrafo que poco conocimiento tenía de los alcances estéticos que la disciplina podía tomar.

Sin embargo y contradiciendo todo canon fotográfico impuesto hasta la fecha, es la Condesa quien saliéndose de su papel de modelo, determina todos los aspectos compositivos de la fotografía. Es ella quien se encarga de los vestidos, la expresión, el gesto, hasta el extremo de imponer el ángulo de la toma de vista. También es ella quien fija el producto final, pintando a mano algunas fotografías luego de ser reveladas y bautizando cada una con un nombre inspirado a veces en el teatro o en la ópera contemporánea.
En una época en la que el género de la fotografía como disciplina artística aún no existe, ella muestra su originalidad e invención. A través de todo tipo de puestas en escena – verdaderas apariciones vestida de Reina de corazones, Reina de Etruria, Carmelita-, ella encuentra actitudes siempre imponentes, a veces extravagantes, distinguiéndose así totalmente de las fotografías de la época.

Llama la atención de igual manera que, posiblemente bajo las indicaciones de Virginia, Pierson fotografiara de modo específico sus piernas y sus pies. Cosa que a mediados del siglo XIX era algo completamente escandaloso, pero que mirado más profundamente nos sugiere una estética bastante avanzada, ya que no era en absoluto usual fotografiar el cuerpo humano por secciones.

El procedimiento artístico de la Castiglione, en sus intenciones y sus resultados, anticipa el trabajo de los artistas fotógrafos de hoy en día. Su predilección por fotografías totalmente intervenidas por ella misma (pintadas y dibujadas luego de ser reveladas), muestra una vanguardia que está a años luz de lo que acontecía artísticamente en esos años. (La mezcla de técnicas diferentes en una misma obra recién vendría a utilizarse en los vanguardismos de principios del siglo XX)

Los últimos años de Virginia, los paso sola en un apartamento de la Place Vendôme de París, con habitaciones decoradas en negro fúnebre, manteniendo las persianas bajadas y sin ningún tipo de espejo, allí moriría una noche de 1899, a la edad de 62 años.
Inmediatamente después de su muerte, la policía y los servicios secretos, revolvieron toda la casa y quemaron todas las cartas y documentos enviados a las más altas personalidades de la época, se dice que entre sus papeles, incluían personalidades de la realeza, políticos, banqueros e incluso Papas.

Fue enterrada según ordenaría el entonces rey de Italia Humberto I, en el cementerio monumental Père Lachaise, de París.

   El poeta y arístocrata, Robert de Montesquiou, perteneciente al movimiento simbolista francés y ávido coleccionista de arte, estaba fascinado por la Condesa de Castiglione, escribió “La Divina condesa”, biografía que tardaría 13 años en terminar, fue publicada en 1913, también reunió la mayoría de sus fotografías, de las cuales 275 fueron adquiridas por el Museo Metropolitano de Arte en 1975.

La Divina condesa: Fotografías de la Condesa de Castiglione por Pierre Apraxine es un catálogo para una exposición de 2000 de la Condesa de Castiglione fotos que se encuentran en el Museo Metropolitano de Arte.
La vida de la condesa fue representado en una película francesa de 1955, La Comtesse di Castiglione, protagonizada por Yvonne de Carlo.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Jose dice:

    Buen artículo; me encantan las fotografías que habéis seleccionado!

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